Capítulos 11, 12 y 13 escondidos tras el salto
Capítulo 11- Dosis Letal
-No creo que lo haga. ¿Qué?¿Cómo?- vociferaba Román al encontrarse de nuevo en el desierto. En un oasis para ser exactos. Las hojas de las palmeras resonaban al viento mientras una leve nube de polvo recorría inquietantemente las dunas. Román estaba confuso en la oscuridad de la noche. No tardó en ver la pequeña hoguera que se encontraba justo a unos pasos detrás suyo.
- ¡Román! ¿Eres tú?- oyó entre las sombras. Era la voz de Rita. Se sintió aliviado al ver que su fiel montura se encontraba allí.- ¿Dónde narices te habías metido?- preguntó impaciente.- ¿Qué es lo que ha pasado?- después de un corto silencio Román contestó:
- Nada importante. Por ahí con el Demonio. Ya sabes.- dijo como quitándole importancia y empezando a acariciar suavemente el cuerno de su unicornio.
- ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?
- No. Tranquila. Solamente quería negociar.
- ¿Y que?¿Has”negociado”?-preguntó, mirando a los lados y gesticulando exageradamente.
- ¿Me tomas por loco?- dijo con una sonrisa.
- Menos mal- resopló al tiempo que acariciaba a su amo con su cabeza.- Mira ahí- dijo señalando a un punto en la oscuridad. Se veían unas luces muy a lo lejos.
- ¿Es lo que yo creo que es?
- Lo es. Por fin hemos llegado. Las luces que ves, vienen del Castillo Negro.
- Ya era hora- sonrío el caballero- pero un momento- se dijo- las pruebas de las que hablaba el viejo Sheng…
Algo como verdoso cortó el aire.
- Las pruebas de las que te hablé siguen vigentes solo que aún no es el momento de las dos últimas. Pero ya no falta mucho.- informó el cuanto menos curioso anciano de kimono blanco, que acababa de volver a utilizar su pirotecnia especial para presentarse instantáneamente desde algún punto que Román no quería ni imaginar.
- ¿Siempre te le apareces así a la gente?¿Nadie se te ha muerto del susto?¿Y que quieres decir con eso de que no falta mucho? El castillo está ahí delante, ¿ves?¿No irán a venir de golpe verdad?
- Tranquilo, no serán de golpe.- intervino el anciano escuetamente.
- Bueno… ¿Y que haces aquí?
- Nada especial. He venido a ver que tal estabais tú y tu fiel montura.- dijo el anciano mirándose las manos con gesto distraído. La yegua convertida a unicornio le hizo un gesto a modo de saludo.- ¿Todo bien?- continuó el anciano.
- ¿Qué intentas decirnos con ese tono misterioso?- cuestionó Román con recelo.
- ¿No te has encontrado con nadie en tu viaje?- escarbó Sheng.
- ¿Qué si me he encontrado con alguien? ¡Ja! Esto se parece más a un carnaval sureño que a un rescate. En serio.
- Solo quería asegurarme de que no te hubieran convencido para, digamos, hacer algún trato.- dijo refiriéndose al Diablo, insinuación que el caballero captó al instante.
- Ah… era eso. No. Tranquilo. Todavía no he llegado a ese punto. – dijo sonriente.
- Menos mal. Por un momento pensé que lo habíamos perdido todo.
- Pero… ¿tan importante es? Me refiero a lo que siento por ella.- preguntó Román.
- Tanto que ni te lo imaginas. No puede explicarse con palabras.- “aclaró” el anciano.
- Inténtalo- dijo Román casi en tono de orden.
- ¿Es que no le has oído?- interrumpió Rita- Que no se puede ex…- el caballero poso su dedo índice sobre la boca del unicornio mientras no dejaba de mirar fijamente al anciano.
- Bien. Digamos que mucha gente anda expectante por esto. Del destino de tu aventura, depende la continuidad de muchas cosas. No solo se te está probando a ti. Se está probando algo mucho más grande.
- ¿Qué quieres decir?
- No te puedo avanzar nada más por el momento.- hubo una pausa en la que el anciano espero a una de las habituales interrupciones del caballero; al no producirse tal interrupción, prosiguió- lo que si puedo hacer es darte una última oportunidad para echarte atrás. Si lo deseas, no será necesario que te enfrentes a Hyde ni superes las pruebas. En tu mano está.

- ¿Pero es que os habéis vuelto todos locos o que? Que no pienso rendirme. ¡Que me da igual todo! A ver si os queda claro que la amo. ¡Amo a Julia!- gritaba casi sin control- Y nadie me va a hacer cambiar de parecer.- Después de un corto silencio se oyó a Rita decir:
- Bien dicho.
- Bien. Solo quería asegurarme. Mi trabajo está hecho, por ahora. Nos veremos no muy tarde. Ten cuidado y, sobretodo, no te dejes llevar por la ira cuando descubras el misterio de las pruebas.- y sin más, el viejo desapareció.
- ¿Qué habrá querido insinuar con eso?- dijo la yegua. Román pensó por unos instantes antes de aclararse la mente con un movimiento brusco de cabeza y exclamar:
- Da lo mismo. Vamos allá Rita.
- ¿Es que no piensas descansar?
- Ya descansaremos- dijo Román mientras saltaba al lomo de Rita- ¡Venga vamos!
- Lo que tu digas… ¡agarrate!
Rita empezó a galopar furiosamente en dirección a las lejanas luces del Castillo Negro. Huelga decir que los escorpiones se escondían bajo la arena a su paso.

El Sol salía por el desierto iluminando los ojos llenos de odio de Hyde. Su mayordomo, Francis, le colocaba una armadura de un color rojo brillante que le daba un aspecto de máquina de matar diabólica.
- Ha llegado el momento señor ¿Está preparado?- observó el mayordomo.
- ¿Acaso no está tu amo siempre preparado Francis?- exclamó Hyde en tono jocoso.
- Tiene razón amo. No se en que estaría pensando.
- ¿Julia está ya despierta?
- Si señor. Se ha pasado la noche despierta. Debió escuchar cuando le dije que el caballero se encontraba cerca.- concluía mientras le colocaba a su amo una capa de una gruesa tela negra.
- Está noche dormirá. Te lo puedo asegurar. Ocúpate del castillo mientras estoy fuera. No creo que me lleve mas de cinco minutos.
Román cabalgaba a Rita con la mirada fija en el cada vez más cercano Castillo Negro.
Julia miraba por la ventana con la esperanza de encontrar a su salvador.
Hyde salía por la puerta principal del castillo, espada negra en mano.
Eve andaba sin rumbo por el desierto, mientras en el horizonte se vislumbraba lo que parecía ser un anciano vestido de blanco .
Alita dormía placidamente en casa de Cloe.
Cloe preparaba el desayuno, como cada mañana.
Lilith no cabía dentro de sí misma de la impaciencia.
El Castillo Negro abarcaba el campo de visión del caballero mostrando su opulencia y grandiosidad. Era tan negro… tan oscuro que daba la impresión de que estaban en la boca de la muerte. Rita cabalgaba a una velocidad que haría palidecer a cualquier dragón del lugar.
- Prepárate para lanzarme como cuando el árbol.- gritaba Román sin apartar la mirada de la figura que les esperaba a las puertas del Castillo Negro blandiendo una enorme espada negra.
- ¿Qué estas diciendo Román?- preguntó Rita exaltada.
- ¿Recuerdas cuando te dije lo del viejo que paraste en seco y me dí de bruces contra aquél árbol?- el unicornio carcajeo.
- ¡Cómo olvidarlo! Si vieras que gracioso estabas panza arriba.
- No creo que sea momento de echarse unas risas yeguita. Bien. Quiero que hagas lo mismo y me lances contra el hechicero.- expuso el caballero a la vez que desenvainaba su espada.
- De acuerdo. Prepárate. – decía la yegua sin parar de acelerar.
“Maldito desgraciado te voy a matar” pensaba el caballero clavando sus ojos en los de su oponente, que cada vez se encontraba más y más cerca.
- Rakso- dijo Julia en un susurro.

La espada de Román se prendió en llamas. Era la furia que sentía la que había creado ese efecto. Apenas estaban a cien metros el uno del otro.
- Acércate roñoso.- dijo Hyde escuetamente. Levantó su espada y la colocó en posición defensiva. Su capa negra se movía violentamente con el viento, y los rayos del Sol rebotaban en su armadura roja dando la impresión de que el hechicero estaba repleto de energía nuclear.
No había nada que separase ya a Rita y Román de su enemigo.
- ¿Preparada?- dijo Román.- Segunda prueba- dijo gritando.- ¡La lucha!- y Rita lo lanzó por el aire en dirección a su atacante. Julia lo podía ver todo desde el ventanal de la torre. Parecía como si el tiempo se hubiese congelado. Román volaba hacia Hyde con una espada de fuego desenvainada. De un mandoble, la espada negra de Hyde salió disparada hacia atrás y se clavó en el gran portón del castillo. El hechicero dio un largo salto hacia atrás, se impulsó en la puerta desafiando toda ley gravitatoria y efectuó un salto mortal por encima de nuestro héroe. Pareció no reparar en su espada. Cayó a la arena en cuclillas. Una gran nube de arena se formó a su alrededor. Román afinaba su sentido de la vista intentando dar con la localización de su acérrimo enemigo, pero este dio antes con él. Una bola de fuego violeta surgió de la nube de arena en dirección a Román. Sería difícil determinar quien de los dos sentía más odio hacia su contrario. Pero el amor es el arma más poderosa que existe. El amor fue lo que le permitió a Román partir en dos la bola de fuego con su espada flameante. Se oyó un crujido de madera a la espalda de Román. En una décima de segundo el caballero escudriño lo que tenía enfrente con la intención de que al girarse, su contrincante no le pillase por sorpresa. Se giró sin bajar la guardia y se encontró con la gran espada negra de Hyde catapultándose hacía él y amenazándole con la más macabra de las muertes. Un poderoso mandoble lleno de rabia desvió su trayectoria lo suficiente como para que pasara de largo adentrándose en la cada vez más fina nube de polvo creada por el hechicero. Román podía ver la silueta de su enemigo blandiendo de nuevo su espada de acongojante tamaño.
- Acércate maldito. – susurró el caballero.
La batalla no duró cinco minutos, como había predicho Hyde. Duró mucho más que eso. El amor era poderoso. Pero poderoso para ambos pues no hay que olvidar que Hyde también estaba enamorado de la princesa; utilizaba todas sus artes mágicas pero por el contrario era más lento con la espada. No como Román, que se movía como una centella aún sin haber descansado aquella noche.
En otro punto del Cosmos, dos seres comentaban el enfrentamiento.
- El caballero es muy rápido. ¿Crees que es posible que venza a su adversario?- preguntó el Diablo.
- Observa. Creo que te vas a sorprender.- Le dijo su jefe.
Se habían quedado quietos en un punto del desierto. Las espadas se movían frenéticas creando un festival de chispas por todo el perímetro. La energía que desprendían había formado un agujero en la arena en el que luchaban como si el tiempo hubiese dejado de tener validez para ellos. La armadura roja de Hyde, brillaba como un demonio enfurecido.
- Vamos caballero- dejó caer Hyde- En el fondo no somos tan distintos.
- Te voy a matar maldito desalmado.- gruñía Román sin parar de atacar.
El sonido de las espadas se extendía por toda Phoenixia. Pero en la mente de Román repiqueteaba la última frase de Hyde. “en el fondo no somos tan distintos”… Dio un tremendo salto para alejarse del villano. Por alguna razón recordó su pelea contra su sombra en la montaña del Verdugo. “Que es lo que decía el viejo, vamos piensa Román”. Hyde saltó tras él lanzando, en un alarde energético, dos bolas de fuego violeta una detrás de la otra. Román esquivó la primera y, de un espadazo, volvió a partir por la mitad la otra, dejando así su guardia bajada. El hechicero saltó rabioso hacía Román y esté no pudo esquivar la estocada de la espada negra, que le partió la armadura dejándole desprotegido. “Ya te tengo hijo de perra” pensó el malévolo hechicero. Y le clavó la espada , atravesándole el pecho. Los gritos de Julia y de Rita se confundieron bajo el Sol. La sangre de Román tiñó de rojo el amarillo suelo arenoso. La armadura de Hyde reflejaba la realidad en rojo. El cuerpo del caballero quedo tendido boca arriba. Inmóvil. Con una roja mancha a su alrededor y la Espada Negra de su adversario pasándole a través del cuerpo. Estertor de muerte.
Capítulo 12 -Revelaciones

“Descubrirás a lo largo del combate que se trata más de una lucha interior que de un combate contra el mal”. Esas habían sido las palabras del viejo respecto a la segunda prueba, la lucha. Una lucha interior… Como cuando peleó contra su sombra en el Verdugo. Entonces se dio cuenta de que se veía a si mismo. Se estaba viendo desde fuera de su cuerpo, tendido boca arriba con una muy fea herida en un costado del pecho. Estaba muriendo. La mancha de sangre que se había formado rodeaba totalmente su cuerpo muerto. Ahora se elevaría y dejaría este mundo. Se alejaría de su apariencia humana y poco a poco la iría viendo más pequeña mientras dejaba Phoenixia en dirección a la otra vida. Se elevaría. Pero un momento… ¿Porqué no se elevaba? Probó a bajar la vista. Entonces se vio las manos. No eran sus manos. Eran unas manos enfundadas en unos brillantes guanteletes rojo carmesí.
Eran las manos de Hyde que sostenían aún su espada negra atravesando a Román. Pero no era Román. El caballero que se encontraba tendido en el suelo con una herida mortal, se parecía en esencia a Román pero no era él. Era otro caballero moribundo. Román no entendía nada de lo que estaba pasando. Sacó la espada negra del pecho del que creía ser él mismo y gritó. Grito tan fuerte que su voz todavía resuena en el espacio. “No puedo ser Hyde”. Al extraer la espada, la sangre comenzó a emanar a borbotones del cuerpo del caballero desconocido.
- ¡No!- gritaba desesperado mientras de la herida del caballero misterioso no paraba de brotar sangre. Recordaba todo el viaje que le había llevado a ese punto. Pero por alguna extraña razón también tenía en su memoria el momento en el que Hyde había raptado a Julia y la había llevado hasta los confines de Phoenixia. Recordaba la traición de Eve. El era Hyde. ¿Román era Hyde? ¿Qué estaba pasando? Se tambaleó y se dejó caer de rodillas desesperado. Entonces notó una fuerte presión en su cabeza, como si algo se estuviese reunificando en su interior.- Maldita sea- dijo entre sollozos…
Ahora lo comprendía todo…
Hubo un tiempo en que Román y Julia se querían como nadie se ha querido en este mundo ni en ningún otro mundo. Su amor era tan fuerte que las barreras de la realidad desaparecían cuando estaban juntos. Cuando se cogían de las manos pasaban cosas mágicas a su alrededor. Entonces llegó la guerra a Phoenixia, y Román sintió que debía luchar por sus semejantes. Para salvarlos. Era una guerra entre Ángeles y Demonios. Una guerra entre el Bien y el Mal. Era una guerra complicada. Una guerra que se forjaba en el interior de cada persona. Una guerra a la que él caballero, en muchas ocasiones, no sabía como hacer frente. La princesa Julia, sin comprender muy bien cuales eran los motivos que empujaban a su amado a hacer lo que hacia, decidió alejarse de él, pues se encontraba hastiada de soportar sus constantes excusas. Y aunque Román creyó encontrar la manera de hacer frente a la amenaza, algo salió mal y se vio encerrado en una celda crematorio propiedad de un viejo conocido, el Diablo.

Mucho tiempo pasó antes de que Román pudiese sentirse libre. Cuando estuvo fuera de la celda y habiendo pensado que su vida acabaría allí, salió corriendo en busca de su princesa. Pero ya era tarde. Habían pasado treinta largos años y la princesa no había tenido noticias de él. La princesa había encontrado el amor en brazos de otro caballero, de nombre Rakso,
que la hacía sentir como alguien especial y que nunca la anteponía a ninguna loca aventura. Cuando Román lo descubrió, montó en cólera y la rabia y el odio que proyecto hacía todas las cosas, le llevaron a transformarse en Hyde, el hechicero más poderoso que nadie hubiera conocido jamás. Sin demasiado esfuerzo, entró en la alcoba de los recién enamorados llevándose a la princesa de los brazos de Rakso. Hechizó a éste transformando su conciencia en la del Román que él había sido antes de la batalla de Ángeles y Demonios, de ese modo podría controlar todos sus movimientos debido a que lo más probable fuera que se le ocurriese recuperar de nuevo el corazón de Julia. Cosa que no tardó en acaecer. Entonces, y a sabiendas del arrebato del caballero, el alma de Rita, el unicornio que siempre le acompañaría y que aguardaba paciente el los establos del Castillo Negro, se incorporó a su vez en el interior del corcel negro de Rakso, para acompañar a su amo y velar por él en el transcurso de su oscuro affaire. Pero los sentimientos entremezclados que sentía Hyde, le estaban empujando a desdoblarse hasta un extremo preocupante.

Y se daba cuenta, otra vez tarde. Rakso se desangraba en el suelo a punto de morir, si es que no estaba ya muerto. Román… Hyde… el caballero de la armadura roja miró hacia arriba. Hacia la torre más alta del castillo, en dónde Julia lloraba horrorizada ante la
traumática escena. El hechicero era incapaz de contener sus emociones. Sentía que su mundo había llegado a su fin. “Todo es culpa mía” pensó dispuesto a clavarse su propia espada con la intención de quitarse la vida . Sintió entonces un calor detrás suyo. Se dio la vuelta y allí vio al anciano Sheng que le miraba con compasión mientras le acariciaba la espalda patriarcalmente.
- Que todo esto te sirva de algo- le dijo el anciano- échate a un lado.
Con los ojos humedecidos le hizo caso al anciano, que, con un rápido gesto de su brazo izquierdo y acompañado de un familiar resplandor verdoso, taponó y sanó la herida de Rakso, que permanecía inmóvil.
Dentro de su armadura, el caballero miraba a Sheng totalmente desconcertado. Su cara hacía presagiar que se sentía en el límite de un precipicio sin fin. El aire le había dejado de llegar. Las lágrimas de desesperación caían sin control dejando surcos en sus pómulos. Estaba al borde del colapso.
- Pronto despertará- dijo Sheng volviéndose hacia el hechicero con un gesto totalmente sereno.
- Tranquilízate Román. Todo está saliendo como se esperaba.
- ¿Qué?- contestó casi sin voz.
El anciano acercó su mano lentamente hacía la cara del caballero y le fue secando las lágrimas suavemente con su dedo pulgar.
- Es ahora cuando viene la parte más importante y dura de tu misión. Tienes que aguantar.
- Pero… pero…- dijo moviendo los ojos en todas direcciones como si de repente hubiese dejado de comprenderlo todo. El anciano solo le miraba esperando a que consiguiera expresarse.- ¿Qué es lo que he hecho?
- No lo pienses más. No importa lo que hayas hecho. Lo importante es lo que tienes que hacer.
- Yo solo quiero… Solo me quiero…- “me quiero morir”pensaba mientras rompía a llorar.
- No. Román. Recuerda las tres pruebas.
- Las tres pruebas- repitió llorando- Me queda una- prosiguió entre suspiros.
- Si. La paciencia.
Román reaccionó ante la palabra y frunció el ceño pensativo, aunque sin dejar de mostrar su tormenta de dolor..
- ¿Recuerdas lo que te dije?- prosiguió Sheng.
- Si. Dijiste que sería la prueba mas difícil.
- ¿Empiezas a comprender ahora la importancia de la paciencia?
- Si… ¡No! ¡Ella y él se quieren!… Tú dijiste que si no superaba esta prueba me sería imposible recuperar a mi amor. Pero ¿Cómo voy a recuperar nada si ya lo he perdido todo?- vociferó desesperado.
- Así es como lo ves ahora.- contestó el anciano con ternura- por eso necesitas tener paciencia. No sabes lo que te depara el futuro. Tal vez la princesa vuelva a tus brazos o puede que tal vez encuentres a otra persona y descubras que es tu verdadero amor… Quien sabe… Pero una cosa es segura. El mundo no se acaba por una cosa así. Debes mirar hacia delante.
Román miro al infinito.
- No hay nada.- espetó.
- Eres fuerte. Más de lo que tú mismo crees. Lo vas a conseguir.- concluyó el viejo.
- ¿Dónde estoy?¿Y mi caballo?- dijo Rakso, recién vuelto a la vida. Su caballo negro se acercó relinchando ya que habitualmente los caballos no suelen hablar y lamió el pecho de su amo en señal de agradecimiento a algo o alguien que no estaba allí. La esencia de Rita ya no estaba en él.

- Estás justo dónde querías estar. En las puertas del Castillo Negro.- dijo Sheng antes de desaparecer sin que Rakso hubiera podido verle la cara. El hechicero Román se acercó lentamente a su hasta ahora adversario y le ofreció su mano. Rakso titubeó un poco antes de tendérsela, pero lo hizo . Julia contemplaba la escena desde lo más alto de la más alta torre, sin dejar de llorar.
- Te la mereces mucho más que yo- aclaró- además, yo tengo mucho trabajo que hacer.- prosiguió con sobriedad sin que las lágrimas le abandonasen por un momento- podéis quedaros con el castillo o podéis hacer lo que os plazca- concluyó. Rakso le miraba todavía serio pero con algo de sorpresa en su interior. Las puertas del castillo se abrieron con un gesto del hechicero que, cabizbajo, se dirigió a los establos en busca de Rita.
El unicornio estaba comiendo alfalfa dentro del establo cuando se acercó su amo suspirando. Rita estaba al corriente de todo lo que había pasado, pues había acompañado a la esencia de Román por todo el camino hasta encontrarse consigo mismo.
- ¿Estas bien Román?- le dijo el unicornio.
- No Rita. No estoy bien. Estoy muy mal. Me quiero morir. Mi vida no tiene sentido.
- Olvídate Román. Deja que ella sea feliz.
Hyde no contestó. No podía porque había roto en llantos. Se abrazó a su fiel compañera y se liberó. Rita miraba al suelo con mágica tristeza.
Rakso corrió a liberar a Julia, que le esperaba llorando de emoción. Mientras se abrazaban, Rakso le decía al oído cuanto la quería. Y Julia con la mirada perdida en algún punto a través de los negros adoquines de su celda, y con un desgarrador vacío en su interior le contestaba que ella también le amaba… Y poco a poco se fueron fundiendo en un eterno abrazo. Si no eterno, muy, muy largo. (Daría tiempo a escribir una novela entre medio…Y dos ; )
- ¿No te lo esperabas eh?- le dijo el Jefe al Demonio. No hubo respuesta.
Hyde, reconvertido de nuevo en Román, se alejó al galope a lomos de Rita. Las lágrimas no le dejaban ver el camino. Tenía suerte de ir montado sobre el mejor unicornio de la existencia. Después de galopar largo rato, el unicornio preguntó:
- Bueno Román. ¿Y ahora que? ¿A dónde vamos?- después de un largo silencio, Román dijo.
- Al mar…
Epílogo – El Principio

Una muchachita caminaba por el bosque. Se trataba de Eve. Abriéndose camino guiada por su intuición. Poco a poco se daba cuenta de que la vegetación adquiría un tono ocre a medida que notaba que su viaje estaba llegando al final. El anciano Sheng le había explicado donde podría encontrar un nuevo trabajo y tal vez un nuevo modo de vida. Y allí, entre los árboles, dio con una gran piedra con un tejado de paja. Se detuvo ante la puerta y tomó aire antes de dar tres golpes en la puerta, que desapareció acompañada de un sonido orgánico.
- Adelante- pidió Cloe desde la cocina.
Como curiosidad cabe decir que Alita, la gata negra de la bruja, y Eve se llevaron bien desde el principio…

Y llegaron al mar…
El hechicero andante llevaba más de una hora sentado con la espalda apoyada en un árbol y una pequeña flor en la mano. Rita descansaba a su lado. Se encontraban en lo alto de un acantilado dónde el mar descargaba toda su potencia contra las rocas. Hacía calor…
Román miro su flor pensativo.
- Oscuro Affaire- dijo más para sí mismo que para otra cosa. Y arrojó su flor al mar, como una ofrenda.
Pero la prueba de la paciencia era muy dolorosa. Román vago por cientos de pueblos emborrachándose y malviviendo sin poder salir de su espiral de desamor. Cada minuto que pasaba, era un minuto en el que Julia permanecía en su mente. Incesante. Repiqueteando en su conciencia como un martillo. Cuando perdía los nervios y arrojaba alguna botella contra un muro, en su mente aparecía la imagen de Sheng que calmaba sus nervios y le hacía recordar que todavía había esperanza.
Una mañana mientras cabalgaban por el desierto al Sol de Phoenixia, el caballero le dijo a Rita:
- Es la hora de visitar a un viejo amigo.
- ¿A quién?- preguntó la yegua- ¿A Sheng?
- No.
- ¿Pues a quién?

El viejo Sheng llegó ante el Diablo y su Jefe.
- ¿Qué te ha parecido?- le dijo Sheng al Diablo.
- Sorprendente. Realmente sorprendente. Jamás pensé que Román reaccionara de esa forma tan positiva al conocer la verdad. De hecho ya sabéis lo que esperábamos que pasase. Creíamos que Román iba a utilizar su magia para acabar con la pareja. En fin… – prosiguió al cabo de unos segundos- parece que a la humanidad todavía le queda un halo de esperanza…
- ¿Te das cuenta ahora de lo importante que es el amor para la existencia de todas las cosas?- le preguntó su Jefe.
- Me doy cuenta. Y siento mucho haber montado todo este lío. Si lo llego a saber nunca habría iniciado esa estúpida guerra. Y por supuesto no hubiera metido de por medio al bueno de Román.
- Debías de aprenderlo. Es el ciclo natural de las cosas. Espero que a partir de ahora me ayudes a mejorar el cuadro.- le dijo.
- Descuida- dijo el Diablo. Se lo quedó mirando y añadió- En el fondo no eres tan cabrón, Jefe.
- Yo también te quiero, niño.
Sheng miró al Diablo y le dijo:
- ¿No tenías una cita con Román?
- Es verdad- dijo el Diablo mirando su reloj- debo irme. El pobre debe de andar desesperado buscándome.
- Ve tranquilo Amigo- dijo el Jefe- y se bueno…
- Vamos Jefe ¿Cuándo recuerdas que haya sido malo?- dijo guiñándole el ojo mientras se diluía hacía el desierto.
Hubo un corto silencio antes de que Sheng la hiciera una pregunta a Dios.
- ¿Qué sabemos de Lilith?
- Ya esta lista.- dijo Dios con una especie de tono imperativo, como si estuviese despertándola de su letargo en ese instante.

En un salón de máquinas recreativas del centro de la ciudad, un chico jugaba a un videojuego de matar marcianos. El videojuego se llama “Gradius” también conocido en otros lugares como “Némesis”.
Hacía ya un rato que había superado la puntuación máxima y un corrillo de gente a su alrededor le vitoreaba y le animaba a seguir. Pero el chico había superado la puntuación máxima precisamente porque no estaba pensando en el juego. Estaba pensando en su novia. Mejor dicho, su ex-novia. Ya hacía más de un año que lo habían dejado y ella ya estaba con otra persona. Un tal Oscar. Pero él no podía dejar de pensar en ella ni por un segundo. Estaba haciendo esfuerzos sublimes por no echarse a llorar frente a la pantalla. No que ría que sus amigos notasen su debilidad. Sus ojos se humedecieron. Antes de que las lágrimas cayesen por su cara, golpeó la pantalla de la máquina con su puño desnudo, lo que hizo que la misma se desconectase. Los allí presentes se quedaron mudos. El muchacho salió del salón recreativo con la cabeza bien alta y las lágrimas cayendo por sus mejillas. Se subió en su moto verdiblanca y pateó el pedal de arrancado. La moto rugió furiosamente antes de que el muchacho soltase el embrague y saliera de allí a toda velocidad. No tenía dónde ir, pero necesitaba dar una vuelta. Necesitaba despejarse. Nunca había imaginado que el amor podía hacer tanto daño. Le hubiera gustado que su moto pudiese hablarle, le hubiera gustado que su antaño novia le hubiera venido a decir que le perdonaba y olvidaba todos sus pasados errores. Pero esas cosas solo pasaban en los cuentos. En los cuentos de hadas.
Esa noche, el muchacho tuvo un sueño rarísimo. Soñó que una especie de caballero medieval, rodeado de un extraño escenario etéreo y alucinógenamente esotérico, era visitado por lo que el muchacho describiría como una hada, o tal vez como la mujer más bella que sus ojos hubiesen visto jamás. La mujer arqueó sus brazos alrededor del cuerpo del caballero medieval y le despojó de su armadura. Oyó decir al caballero “Lilith” con voz de sorpresa, mientras ella sonreía con la cara de felicidad más perfecta que una mente humana puede construir en un sueño. Los ojos de la mujer brillaban como en un serial de animación japonés. “¿Siempre habías sido tú verdad?”dijo el caballero luciendo una amplia sonrisa. “¿Acaso lo dudabas?” dijo una voz de mujer que se entremezclaba con el estridente sonido electrónico de un teléfono portátil que vibraba impaciente en la mesita de noche del muchacho. La llamada abrió los ojos del chico que se despertó sobresaltado. En la pantalla del teléfono brillaba un nombre de mujer…
OSCURO AFFAIRE
música final
FIN
NOVIEMBRE 2004 – NOVIEMBRE 2005

x Rev






Pues aquí no ha pasado nada ._.
El día aún no ha terminado
… …
T…´…
Pero… no se muere … verdad?
podría ser como La Historia Interminable, ahora que Román y Rita acabarían totalmente piraos jiijji siempre en busca de la princesa perdida, te imaginas ? jijijijjjji
sino, quién salva a la princesa? porque ella, Julia, no está enamorada de Hyde, y si ella ama a Román la fuerza del amor tendría que inclinarse en su favor, vamos digo yo, o no ? quién sabe ? este mundo es un misterio y puedo intuir que la tierra de Phoenixia es aun si cabe mas poderosa…
Jo, jo, jo, Joé NO QUIERO QUE SE TERMINE la historia
aiiinsss delunita….
Os recuerdo que en Terminator Salvation le pregunta al prota:
Y como esta toda la tierra asi? destruida y tal? (año 2018)
y contesta: Porque llego el Día del Juicio Final.
Mmmmm…..
PD: Al final no ha pasado nada
Pero pasará tarde o temprano.