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Hay una sala de piedra que custodia un púlpito en su interior.
Nada valioso en él. Sólo un lienzo en blanco. Una hoja de papel.
Sin saber que hacer, te la guardas en el bolsillo interior y abandonas la estancia.
No es fácil comprender el motivo de que el papel esté en tu posesión.
No hay forma de adivinar que es lo que necesita ser escrito.
Cuando la duda se consume y la impaciencia presiona, frente al lienzo en blanco y pluma en mano, una línea se dibuja sola.
Es el camino.
Y entonces lo descubres.
¡No se trata de escribir!
Mientras, la línea va dibujando un sendero y se detiene para dar vida a montes y aldeas.
¡Se trata de dibujar las palabras!
Y los nombres de los ríos y las regiones se escriben en tinta mágica.
Entonces queda claro que ni es un lienzo en blanco, ni es algo no valioso.
Es un mapa.
El mapa del tesoro.
Y por supuesto:
La X marca el lugar.






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