Otro relato irracional de ReV:
“La dura vida del Escritor” se repetía Sebastián para sus adentros. Sentado en su carísimo escritorio de madera de roble y a punto de encender su ordenador. Siempre había sido así; se sentaba y las ideas comenzaban a fluir.
Todo empezó como un entretenimiento en las frias tardes de Invierno que tuvo que pasar en cama. Al principio sólo hacía relatos cortos, pero cuando quiso darse cuenta ya tenía 6 novelas a sus espaldas de las que 3 habían sido best-sellers y 2 de ellas habían sido llevadas al cine. Sebastián era un reconocido escritor con millones de seguidores a lo largo del planeta. Pero ahora miraba la hoja en blanco de la pantalla. Sereno. Como a punto de plasmar palabras llenas de significado que quedarían impresas para siempre en la memoria colectiva. Esa era la impresión. La realidad era que Sebastián estaba tan en blanco como la hoja virtual.
“La dura vida del Escritor”
Cuando alguna vez le hablaron del bloqueo del escritor, Sebastián se reía y comentaba que eso sólo era una valiente excusa para no decir que en realidad nunca se fué tan imaginativo como se pretendió. Ahora se acordaba de esos momentos y maldecía su actitud.
La dura vida del escritor. El bloqueo del escritor…
Sebastián seguía delante del ordenador buscando algo brillante. Algo brillante que escribir.
- Algo brillante- dijo. Miro hacia el techo pensativo y escribio:
ALGO BRILLANTE

Comenzó a pensar en un hombre ligeramente más joven que él y en ese momento se le ocurrió comenzar a deconstruir su propia personalidad hasta el punto de crear su propio alter-ego siniestro. Sebastián estaba decidido a escribir las líneas más autobiográficas de toda su carrera. Y de repente las musas le habían sugerido un modo muy especial de hacerlo. Sebastián empezó a preguntarse que habría pasado si su vida hubiera tomado otro camino y decidió que lo que haría sería escribir de sí mismo pero en diferentes circunstancias.
“Ramón estaba enfrente de un lienzo en blanco…” escribió. “Pero Ramón no era un pintor” mientras los dedos tecleaban vertiginosos, podía ver claramente a un muchacho de unos 27 años que conemplaba el lienzo en blanco en el salón de su amigo pintor. “Estaba de vacaciones en el apartamento de Xavier, su colega de Ibiza”
Aunque el escritor todavía no había descubierto que era lo que había ocurrido, ya se había dado cuenta de que algo estaba sucediendo…
Aunque normalmente no le costaba demasiado trabajo desarrollar historias y argumentos, esta vez podía ver con meridiana claridad lo que estaba sucediendo en la vagamente iluminada habitación del pintor, dónde su protagonista contemplaba un lienzo en blanco. Así que nuestro escritor comenzó a pensar en como un pintor afrontaría su bloqueo artístico. Sus dedos llovieron sobre el teclado.
- ¿Que hacen los pintores cuando se bloquean?-preguntó Ramón con curiosidad” – escribió Sebastián.
Y Xavier le contó entonces la historia del David de Miguel Ángel y como este se pasó 3 meses contemplando un bloque de mármol hasta que tuvo en la mente a su perfecto David: ” A veces parece que no nos movemos cuando en realidad estamos trazando la mejor ruta…”
Sebastián cabeceó. Estaba siendo una sesión de trabajo muy intensa y las palabras que había escrito parecían haberle dejado apenas sin energía.
Su escritorio estaba situado delante de la ventana, dónde tenía una majestuosa vista de los valles y el cambiante cielo. Hacía varios minutos que había oscurecido, una suave brisa entraba por la rendija que el escritor había dejado entreabierta. Casi instantáneamente, Sebastián miró por la ventana y fue en ese momento cuando contempló la luz blanca. Parecia surgir de lejos, de entre las montañas, pero parecia acercarse lentamente en su dirección.
Medio sorprendido medio asustado susurró “Algo brillante…” mientras el resplandor se hacía más y más intenso. Después de ese extraño sueño Sebastián durmió toda la noche. Plácidamente.
—
Se despertó sobre el escritorio y no recordaba haber escrito la última parte de su texto. Los personajes Ramón y Xavier mantenían una discusión existencial acerca de la existencia de Dios.
- ¿Crees que eres completamente dueño de tus actos? le preguntó Ramón a Xavier.
- Bueno, todo depende de las circunstancias, lo que no pienso es que haya una entidad inteligente divina controlando cada decisión que tome…
- ¿Entonces qué?
- Supongo que lo que tu llamas Dios, es la Energía Universal que todo lo mueve; y creo que a lo que se dedica es a darnos opciones, pero somos nosotros los que finalmente decidimos.
- ¿Así que tú crees que Dios también nos ofrece las opciones equivocadas?
- ¿Nunca has oído eso de que tu Dios te prueba?
- Entonces ¿No crees que exista el Diablo?
- Todas esas mitologías son desvaríos…o al menos una manera fácil de metaforizar la personalidad bipolar de la dualidad.
- Pues no estoy de acuerdo, porque al mostrarnos la idea de Dios y el Diablo se crea en nosotros la ilusión de moralidad.
- Bueno, siempre puedes darte cuenta de que todo eso no son más que referencias…
Sebastián no podía creerse lo que estaba leyendo…
Las reflexiones que sus personajes se estaban haciendo ni siquiera se le habrían pasado por la cabeza y no comprendía como era posible que ellos hubieran llegado mucho más lejos que él en ese tipo de filosofías místicas. “Tengo que arreglar esto” se dijo, y se dispuso a continuar desde dónde lo había dejado, aunque sin alterar lo ya escrito.
- En fin- dijo Xavier- ¿Que te parece si salimos de fiesta un rato? Todavía tengo el coche de mi hermano…- aunque Xavier se ganaba bien la vida prefería no tener que depender del “mantenimiento de la Bestia” como el llamaba a los consumidores del sistema capitalista.
- Sí…tanta conversación metafísica está empezando a darme dolor de cabeza…
Sebastián esbozó media sonrisa. Estaba a punto de poner a sus personajes en un aprieto; era el detonante que dispararía la historia, o al menos así de claro lo tenía el escritor.

¿Cangrejo a la Sirenita?

I´ve got your back





