2 comentarios el “MURCIA CLAN

  1. Solo el comienzo. Ya no se puede hacer más por la gente, ahora cada uno depende de sí mismo y sus seres queridos… mientras les queden.

  2. Merlín tenía la extraña costumbre de alegrarse cuando a Arturo
    le sucedía un percance.

    Si Arturo regresaba a la gruta con heridas y contusiones
    porque se había caído de un árbol,
    el mago murmuraba “Bien”,
    con voz casi inaudible.

    Una noche, en medio de una tormenta eléctrica,
    el tronco podrido de un viejo sicomoro
    casi le cae al niño en la cabeza.
    “Bien hecho”, dijo Merlín por lo bajo.

    “¿Cómo puedes alegrarte cuando me lastimo?”, exclamó.

    “¿Alegrarme? ¿De qué estás hablando?”
    Merlín parecía sinceramente confundido.

    “Crees que no me doy cuenta,
    pero cada vez que me sucede algo malo, pareces complacido”.

    Merlín arrugó el ceño.
    “No debes escuchar las conversaciones
    que no son para tus oídos,
    especialmente si son mis conversaciones internas”.

    Esta respuesta sólo hizo que el niño se sintiera
    todavía más herido.
    Estaba a punto de salir corriendo
    para escapar de la frialdad de Merlín,
    cuando el mago le puso la mano en el hombro.

    “Crees comprenderme, pero no es así”, dijo.

    Y prosiguió con voz más suave.

    “No me alegraba de tu desgracia.
    Me alegraba de tus escapadas.
    ¡Si sólo supieras que esos accidentes
    habrían podido ser mucho peores!”

    “¿Quieres decir que me salvaste del peligro?”,
    preguntó Arturo asombrado.

    Merlín sacudió la cabeza.
    “Tú te salvaste a ti mismo,
    o por lo menos estás aprendiendo a hacerlo.
    Los accidentes no existen,
    a pesar de lo que ustedes los mortales creen.
    Sólo hay causa y efecto,
    y cuando la causa está muy lejana en el tiempo,
    el efecto regresa cuando ya se ha olvidado.
    Pero puedes estar seguro
    de que todo lo que te ocurre,
    bueno o malo,
    es el resultado de alguna acción pasada”.

    Como era joven y además confiaba en su maestro,
    Arturo no rechazó esa nueva noción
    y reflexionó durante unos instantes.

    “Estás diciendo que estos percances son como el eco.
    Si hubiera gritado ayer
    y el eco hubiera esperado hasta hoy para retornar,
    yo ya lo habría olvidado”.

    “Exactamente” exclamó Merlín, el mago blanco, el hechicero negro,
    el del escalón nº 208.

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